Algunas razones por las que James Bond es el peor agente secreto

 

El nombre es Bond, James Bond y no hace falta hacer una introducción más detallada que ésta. Ya todos sabemos de quién estamos hablando: su ocupación como agente secreto, su nombre código (007), su rostro, su persona, sus vicios, sus virtudes… Lo que nos lleva directamente a la primera razón por la que James Bond no es el mejor en lo que hace:

 

Todo el mundo sabe quién es

James Bond es un nombre súper reconocible, es casi una marca. Cuando 007 conoce al villano de turno no se presenta como: “Carlos Mengueche”. Le canta en la cara “Bond, James Bond”, con mucha rima y cero sigilo. Cualquier enemigo medianamente competente y con acceso a Internet puede averiguar quién es con sólo hacer un Google Search. Es más, seguro que el inglés tiene un perfil público en LinkedIn en donde aclara: Espía al servicio de su Majestad.

 

Se la pasa garchando en horas de trabajo

¿El mundo está al borde del holocausto nuclear? ¿Una megacorporación diabólica amenaza la paz global? ¿Un club secreto de ex espías planea asesinar al Primer Ministro? Para Bond no es un problema. Él es capaz de calentarse, incluso cuando la destrucción de la civilización occidental está a la vuelta de la esquina. Se ve que es un tipo muy culto y ávido lector de Isabel Allende y se tomó muy en serio eso de: “Me arrepiento de las dietas, de los platos deliciosos rechazados por vanidad, tanto como lamento las ocasiones de hacer el amor que he dejado pasar por ocuparme de tareas pendientes o por virtud puritana.“.

Listo para salvar al mundo. Pero primero…

 

Hace gastos cuestionables a cuenta del estado

James Bond se la pasa gastando la plata de los contribuyentes en cosas como: partidas de poker, viajes a las Bahamas y tragos caros. Son los sacrificios que tiene que hacer para atrapar a los tipos malos, ¿no? Seguro que los contables de MI6 se la pasan haciendo horas extra para tratar de justificar sus gastos extravagantes. Lo deben cubrir dibujando un par de números del gasto público.

La vida del espía es muy dura

 

Es un alcohólico

Bond está siempre con una copa en la mano. Martinis, Mojitos, Escocés…lo que sea. Se podría decir que le gusta tomar casi tanto como ponerla. Ojo, casi. Como buen borracho, se pone muy específico con la preparación de sus tragos y se la pasa apurando al barman: “agitado y no revuelto“, “tres medidas de Gordon’s, una de vodka, media de Kina Lillet“, “con una cáscara de limón“, etc.

¡Pero mirá como está este trago papá!

 

Se la pasa improvisando

Está clarísimo, tiene más culo que talento. “Tiene olfato“, lo defendería alguno. ¡Las pelotas! No importa el adversario ni la misión: ¡James Bond está siempre preparado! ¿Su equipamiento estándar? Un smokin y una pistola de bajo calibre. A veces Q se copa y le habilita una lapicera-bomba o un reloj con láser incorporado, pero en líneas generales, siempre está en bolas. ¿Cómo hace para enfrentar ejércitos enteros de hombres malos y salir entero? Es un misterio… Si lo pensás, la mayoría de sus éxitos se debe más a corazonadas y oportunidades extraordinarias que a riesgos calculados.

moore

¡Las manos arriba o los quemo, gatos!

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