Todas tenemos debilidad por algún boludo

 

Si tenés más de 10 años sabés de lo que hablo: un boludo ya te rompió el corazón. Seguro que alguna vez juraste entre lágrimas que no te iba a volver a pasar…y sin embargo seguís reincidiendo.

¿Por qué me sigo enganchando con boludos?“, te preguntarás. Bueno, te explico:

1. Los boludos a veces son lindos

Es posible que te hayas cruzado muchas veces con un flaco así. No te hace falta ser muy perceptiva para darte cuenta: se le nota lo boludo a lo lejos y sabés que ni bien consiga lo que quiere se va a portar como un pendejo. Pero la carne es débil y un lapso breve en tu juicio es todo lo que hace falta para que le des una oportunidad.

2. Los boludos a veces son simpáticos

Extrovertidos, carismáticos, graciosos…se convierten en el centro de atención en cualquier situación social y a veces es difícil resistirse a la atracción gravitatoria que generan.

3. Los boludos a veces parecen buenas personas

Al igual que los camaleones, algunos boludos aprendieron a camuflarse bien. Aprovechan su aspecto inocente y bonachón para hacernos creer que son inofensivos. Es todo una estrategia elaborada para salirse con la suya. Cuando nos damos cuenta de que en realidad son unos forros ya es demasiado tarde.

4. Los boludos a veces son más inteligentes de lo que parecen y saben exactamente que decir para enamorarnos

Hay que darle un poco de crédito a los boludos, son bastante más piolas de lo que admitimos. No hay que subestimar su habilidad: algunos son expertos en vendernos espejitos de colores y nosotras los compramos sin darnos cuenta. Juegan con nuestro corazón desde el principio y – como si hubieran estudiado un libreto – siempre tienen la palabra justa para seguir enganchándonos.

 

La próxima vez que estés entusiasmándote con alguien, preguntate si no es un lobo con piel de cordero. Acordate: boludos sobran y el problema es que andan por todos lados.

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