Es de vieja chota

 

Hoy en día el tema de los años es muy relativo: quizás sos un adulto mayor pero tenés alma de pibe o tal vez sos un joven pero tenés espíritu de jovato.  La mayoría de las veces tiene que ver, no tanto con la edad biológica sino, en definitiva, con tener o no alma de vieja chota.

Si hacés alguna de estas cosas te estás convirtiendo poco a poco en un dinosaurio.

1. Empezar una frase diciendo “cuando yo era joven”

Si ya pasaste los 26 es sólo una cuestión de tiempo: en cualquier momento te vas a escuchar diciendo esas palabras en alguna discusión. Efectivamente, el tiempo vuela. Si ya empezaste a usar este giro hay 2 opciones: pasó el tiempo y acordarte de algunas cosas te exige una retrospección mayor o sos una mandaparte y te hacés la grande.

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2. Cambiarte más de una vez de asiento de colectivo

Cambiarse una vez está permitido. Quizás te molestaba el sol que entraba por la ventana (y te cocinaba a fuego lento la espalda) o a lo mejor ya no podías soportar el olor a pedo del vecino. Pero hacerlo dos o más veces es una señal clara de viejachotez extrema. A nadie le gustan los indecisos, elegí un asiento y quedate ahí.

3. Dirigirte a un extraño diciéndole “joven” o “hijo”

En los tiempos que corren, el trato cortés es siempre bien recibido. Pero si para llamarle la atención a un extraño tenés que arrancar de esa forma es porque estás más anejada que un Syrah cosecha ’73.

4. No respetar ninguna fila

Con los años desarrollás el hábito de no respetar las filas. Te colás siempre, probablemente porque sentís que no te sobra el tiempo para esperar. Y claro, ya no sabés cuánto te queda. Los que están atrás se joden.

5. Pensar que la música está muy fuerte

No hay duda, el oído es un gusto adquirido. Cuando sos adolescente te castigás los tímpanos con el punk y el metal y con el tiempo vas progresando hacia ritmos y melodías más amenas. De todas formas, independientemente de que escuches blues, jazz o música clásica hay una regla universal en lo que respecta a la música: si te parece que está demasiado fuerte es porque te convertiste en un viejo amargado.

6. Mirar con desdén a la gente más joven

Cuando te cruzás a la noche con un grupo de adolescentes desaforados los mirás con mucha suficiencia y algo de asco. Muy altanero preguntás: “¿Pero quiénes se creen que son estos pendejos?” Nada, hacen las mismas estupideces que vos a su edad. A vos también te vio con mala cara al que le tocó ser el viejo choto de turno.

7. Hacer comentarios políticamente incorrectos

Los años no vienen solos, traen con ellos sabiduría y experiencia. Si tenés más de 23 años ya sabés que pretender caerle bien a todo el mundo es la receta para la infelicidad. Con el tiempo aprendés a ser mas intransigente y a pasarte la corrección política por el quinto forro de las pelotas. Te permitís decir lo que pensás incluso si eso implica hacer comentarios racistas, sexistas, chauvinistas, taxistas o porristas. Así soy yo y si al que no le gusta que la agarre que está dura.

 

Bonus track: jugar a la Canasta, al Bridge, al Backgammon o alguna cosa semejante.

Adiós corazón de arroz, ¿te veo el sábado en el Bingo?

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