Vivir con tus viejos pasados los 25

¿Seguís viviendo en la casa de tus padres? Quizás te mudaste hace rato y ya te olvidaste como era vivir con tus viejos. Por si andás con problemas de memoria, te ayudamos a recordarlo.

 

1. Estás en tu casa pero no es TU casa

Cuando te despedís de tus amigos seguís diciéndoles: “Chau caras de pija, me voy a mi casa“. Vivís en el mismo lugar de toda tu vida, pero aunque el espacio físico no cambió se siente diferente. De a poco empezaste a percibir la opresión que supone ser grande y vivir bajo las reglas de otros adultos y se siente…raro. Y es así como un buen día te terminás de dar cuenta de que te convertiste en un invitado en lo que era, hasta ayer, tu propia casa. Hay un montón de cosas que te encantaría hacer pero te abstenés de hacerlas para no ofender a tus padres-corresidentes; como pasarte todo el domingo tirado en el sillón, viendo Netflix y fumando flores.

 

2. Te la pasás dando explicaciones

A dónde vas, con quién te vas a ver, cuándo volvés, etc. No tenés que pedir permiso para salir o para invitar gente, pero le pega en el palo. Estás siempre bajo la mirada atenta de tus viejos. Un poco de supervisión no es mala, pero se vuelve un poco sofocante pasados los 25.

 

3. No podés hacer tu propia vida

Seguramente más de una vez escuchaste eso de “Esto no es un hotel“. Y es cierto: no vivís solo, flaco. Vivís con tus viejos y eso quiere decir hacer vida en común con ellos o por lo menos respetar mínimamente algunas costumbres. Los horarios de las comidas, algunas actividades programadas, recibir invitados en tu casa y otras rutinas. Si ya no te lo bancás, quizás es hora de buscar tu propio departamento.

 

4. Tener un poco de privacidad es complicado

Olvidate de pasear en pelotas por la casa o de ver porno a todo volumen. Si invitás a alguien a pasar la noche, tenés que pedirle que te ame en silencio y si tenés algún juguetito, tenés que guardarlo bajo 4 juegos de llave porque tu mamá revisa todo. Y cuando digo todo, quiero decir TODO. Por suerte tus viejos se van de viaje vez en cuando y ahí es cuando podés relajarte un poco.

 

Si lo pensás un poco, en la vida nada viene de arriba y al final del día este es el precio que tenés que pagar por recibir comida y alojamiento gratis.

 

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